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Informe Semanal de los Mercados

Outlook 2019: Un mundo ancho y ajeno

2019: Entre aterrizajes y despegues

La economía mundial se encamina a crecer cerca de 4% en 2018. En 2019 el ritmo sería marginalmente menor, si se mantienen las condiciones actuales, que sugieren que el fin del ciclo económico sería un “aterrizaje suave”. Los indicadores líderes ya denotan un menor crecimiento subyacente.

El aterrizaje suave estaría dado por la economía estadounidense. La actividad sigue creciendo de manera dinámica, con un aumento del PIB de 3.5% en el tercer trimestre de este año, lo que llevará a cerrar 2018 con un crecimiento de casi 3%. Es de esperar que -ya que estamos en una etapa avanzada del ciclo- en 2019 se registre una desaceleración o “aterrizaje suave” que marcaría el fin de dicho ciclo, con un crecimiento estimado de 2.5% para el año.

Según el dot-plot, se ven entre dos a cuatro alzas de la tasa de referencia, lo que probablemente dice que los movimientos serán, como hasta ahora muy data-dependientes.

China habría llegado al piso de su desaceleración, que finalmente ha sido un “aterrizaje suave”. Las autoridades económicas se han esforzado en evitar una caída significativa de la economía. Hasta el momento se ha logrado a través de controlar ciertos excesos y, a su vez, proveer estímulos que permitan un despegue de la economía. Sin embargo, la guerra comercial declarada por Estados Unidos podría contribuir al enfriamiento de la economía.

El año 2019 no traería grandes cambios y novedades para Europa, que seguiría caminando en tasas de crecimiento en torno al 2%. La situación financiera italiana seguirá generando conflictos y el Brexit mantendrá la atención tanto en el Reino Unido como en la Unión Europea. El surgimiento del populismo eventualmente podría generar efectos negativos y riesgos a la baja para la economía europea.

En las economías emergentes la actividad se aceleraría, en general. Lo que sería una buena noticia para el crecimiento global, que gracias a ello se desaceleraría menos en 2019, o quizás ni siquiera llegue a desacelerarse.

Es positiva la combinación aterrizaje y despegue suave que se daría en las dos economías más grandes del mundo. El escenario de tasas de interés en Estados Unidos, acorde a lo anterior también debiera ser de alzas suaves. El Fed estaría moderándose hacia cuatro aumentos para el próximo año y adaptándose más bien a las señales que están mostrando las economías y mercados.

Un sector corporativo en buena forma

En Estados Unidos en particular y en el mundo en general, salvo excepciones, los balances corporativos son saludables.

En EEUU, el capex no ha crecido como se esperaba, dada la magnitud de los recortes de impuestos. Los resultados al cuarto trimestre y quizás al primero de 2019, seguirían siendo positivos, porque aún se verán los efectos más tangibles de la reforma tributaria. Sin embargo, las empresas ya anunciaron a través de sus guidances al tercer trimestre que las ganancias serán menores, lo cual es coherente con la desaceleración económica.

El largo camino que le queda a la rivalidad China – Estados Unidos

Las tensiones comerciales pasaron de palabras a hechos con la imposición de tarifas por parte de Estados Unidos y las respectivas represalias chinas. Además de la retórica –principalmente de Trump- que incidió en las expectativas de los agentes económicos y cuyo efecto se refleja en lo estancada que está la inversión.

Estados Unidos no sufriría un impacto económico directo significativo por una guerra comercial. Al menos relativo a la vulnerabilidad que presentan países que mantienen un superávit en cuenta corriente, como China, Japón, Alemania y muchos emergentes.

A pesar de la “tregua” cualquier acuerdo sostenible entre estas dos potencias mundiales va a ser muy complicado. Más allá de las diferencias culturales naturales, en las negociaciones las dos partes buscan a toda costa beneficios para sí. Así, hay varios factores que hacen las cosas más difíciles, entre ellos la particular personalidad y carácter impulsivo del presidente Trump.

Con Xi Jinping en el poder para el largo plazo, el gobierno chino está abordando temas con esa perspectiva. La renovada Ruta de la Seda, el combate a la polución y muchos otros temas van posicionando a China como una potencia mundial en todos los aspectos. El crecimiento objetivo en cerca de 6% anual para el largo plazo parece viable, lo que no elimina los riesgos, no sólo económicos financieros, sino geo-socio-políticos, particularmente con EEUU.

Los fundamentos macro y corporativos en general se mantienen en etapas diversas del ciclo, pero positivos a nivel global. Las valorizaciones de las acciones están entre justas, razonables y atractivas y -aunque la liquidez global se contrae- no lo hace de manera abrupta, ni de tal forma que la economía global no sería capaz de superar. Estas condiciones siguen dando soporte a los activos de riesgo.

No obstante, 2019 se vislumbra de poca visibilidad, el año de la divergencia global que requiere una asignación estratégica con posiciones más defensivas. Pero también una estrategia flexible, dado un escenario impredecible, cambiante, de mayor volatilidad y con factores no cuantificables presentes que podrían –como en el 2018- afectar las tendencias de los precios de los activos.

Riesgos 2019

  • Rivalidad Estados Unidos-China: prevalencia o empeoramiento de los negativos efectos en las expectativas y mayor impacto en la economía real (p.e. guerra comercial que se agudiza).
  • Fuerte deterioro de las condiciones financieras globales (mayor inflación y alzas de tasas de interés más agresivas).
  • El desequilibrio en Estados Unidos: que la economía siga creciendo y lo haga también el déficit fiscal, lo cual no es sostenible en el largo plazo.

 

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